Pérdidas, decepciones, rechazos, traiciones, desamor… Sabemos que las relaciones, como los huesos, también se rompen. Sin embargo esas fracturas no siempre sanan tan rápido como pensamos; el tiempo por sí solo no nos rehabilita, todo duele y casi nada alivia… De ahí, que la inteligencia emocional para sanar esas heridas sea un buen recurso para cerrar poco a poco esas cicatrices internas.
Decía Franklin D. Roosevelt que cuando lleguemos al final de una cuerda, solo cabe una opción: hacer un nudo y esperar. Terminar con algo que hasta no hacía mucho nos mantenía amarrados a algo firme y seguro siempre produce angustia.
Sentimos como si todo nuestro ser se precipitara a un vacío sin forma. Sin embargo, lejos de dejarnos a nuestra suerte y descuidarnos, hay que hacer un nudo de seguridad y aguardar. Esa sensación de miedo y desamparo terminará disolviéndose.
“No te precipites, ten calma. Trabaja en ti mismo antes de caer en la desesperación tras una ruptura. Siéntete, sánate, permítete tiempo y ámate lo bastante como para seguir respirando, como para no necesitar a quien ya no está ni desea estar junto a ti”.
-Russ Von Hoelscher-
La vida es una experiencia impredecible, lo sabemos, un viaje donde sortear picos y mesetas. A veces el trayecto es doloroso, tanto que llegamos a pensar que no podemos soportar tanto revés, tantos giros y altos en el camino. Lo queramos o no estamos obligados a tener un kit básico de supervivencia con el que poder sortear con mayor solvencia todos esos imprevistos.
5 pasos para sanar nuestras heridas emocionales
- Acepta la herida como parte de ti mismo. ...
- Acepta el hecho de que lo que temes o reprochas te lo haces a ti mismo y a los demás. ...
- Date el permiso para enfadarte con aquellos que alimentaron esa herida. ...
- Ninguna transformación es posible si no aceptamos nuestras heridas emocionales.
Empatía con uno mismo y seguridad personal
La inteligencia emocional para sanar heridas suele poner un énfasis especial en una parte muy especial de la empatía. No obstante, nos referimos a esa capacidad de conectar con nosotros mismos. De ver las propias heridas de un modo más compasivo, minucioso y enfocado ante todo a una solución, a una sanación.
- Tras una ruptura o cualquier otro evento doloroso o traumático, hay que recuperar la seguridad personal. Así, la determinación firme, abierta y consciente de reparar cada rincón herido, cada pieza fragmentada a través del perdón y el afecto por nosotros mismos, es clave para avanzar cada día un poco más.
- Si nos centramos en exclusiva en el propio sufrimiento nos limitaremos a caminar en círculos. El dolor al final terminará poco a poco separándose de nosotros mismos para tomar todo el control, para llenar cada espacio, cada fibra y recoveco de nuestra realidad. Y eso, eso es algo que debemos evitar. Empaticemos con nosotros mismos y establezcamos un plan de acción
- Si permitimos que la rabia, la decepción o la desesperación se queden estancadas, enfermaremos. Nuestra misión será darle salida a los efectos de un abandono, un amor no correspondido o la angustia de estar en una relación infeliz. Deben procesarse de forma saludable para habilitarnos, concediéndonos la posibilidad de crecer en madurez y responsabilidad.

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