Taller del miedo
Tres claves para transformar el miedo
Pensamos en el miedo como un enemigo a evitar, como algo que no debería sucedernos, y empleamos mucho esfuerzo para evitar y controlar algo que es inevitable e incontrolable. En este post te contamos por qué el miedo es útil, y cómo hacer para transformarlo en un buen aliado.
¿Qué es el miedo?
Repasemos qué es el miedo: Es una emoción básica, es una información que me indica que me siento amenazado por alguien o por algo. Es una alerta, un avisador. Nos ayuda a relacionarnos con el ambiente desde la prudencia y valorando posibles riesgos. Sin miedo no podríamos sobrevivir.
Su función evolutiva es la conservación y la valoración de lo que consideramos importante: desde el miedo a recibir un daño en una discusión al temor de perder a nuestra pareja o trabajo.
¿Debo evitar el miedo?
Pensamos en el miedo como un enemigo a evitar, algo que debe evitarse, y empleamos mucho esfuerzo para evitar y controlar algo que es inevitable e incontrolable. Creamos infinidad de estrategias para sortearlo e incluso muchos se desconectan emocionalmente para no sentirlo. Nos peleamos con él.
No parece que tenga mucho sentido castrarse de una información útil. El miedo es útil. De hecho, lo que realmente debería preocuparnos no es el miedo si no los resultados del mismo.
• “Tenía miedo de que dirían de mí y no fui a la fiesta”
• “Por miedo al ridículo dejo de hacer cosas que me apetecen”
Este punto es crucial dejar de evitar y controlar la aparición del miedo y poner nuestro esfuerzo en transitar situaciones de miedo con los mejores resultados posibles:
• “Me costó y fui a la fiesta, cuando empecé a aburrirme me fui”
• “En mitad de la clase hice una pregunta que parecía tonta, lo pasé fatal haciéndola, al final no lo era”
Al transitar estas situaciones adquirimos herramientas para afrontar situaciones y reconocemos que mayormente los resultados no son tan terribles que podemos sostener nuestro miedo. La no evitación aumenta nuestra autoestima.
Las 3 claves para transformar el miedo
Al final de la semana puedes dedicar unos 15 minutos para preguntarte que tragedias o resultados negativos se cumplieron durante la misma.
Resumiendo:
• Dejar de luchar contra el miedo. No temas al miedo, teme sus resultados.
• Dejar de evitar situaciones temidas. Empieza con las fáciles.
• Testea cuantas veces se confirmó tu fantasía catastrófica.
Al transitar el miedo, afrontamos nuestra vulnerabilidad y desde ella crecemos.
“La más peligrosa de todas las debilidades es el temor de parecer débil.”
Jacques Benigne Bossuet
La dignidad de nuestras emociones
“Qué son y qué no son las emociones”
Alegría, tristeza, miedo, rabia… ¿Por qué sentimos vergüenza ante alguna de estas emociones y qué podemos hacer para gestionarlas?
“Cada emoción tiene su lugar, pero no debe interferir con la acción adecuada”.
Susan Oakey Baker
No existen emociones desadaptativas, sino conductas desadaptativas. El poder adaptativo o desadaptativo de las emociones lo configuramos nosotros a través de nuestra gestión. Lo importante es aprender a modular su intensidad para escuchar su mensaje y desde allí hacer una gestión sana de nuestro emocionar.
Todas las emociones tienen alguna función sana.
No tenemos la “culpa” de experimentar ira, pero sí somos responsables de lo que hacemos con nuestra vivencia emocional.
• “me enfade mucho con mi jefe, use este enfado para demostrarle mi valía”
Todas las emociones tienen alguna función sana. Sentir emociones no es bueno ni malo en sí, es inevitable, forma parte de nuestro diseño evolutivo, el que hacemos con ellas si es lo reprensible o lo positivo. Ellas tienen una información que darnos.
La emoción nunca es desadaptativa, sí puede existir una conducta desadaptativa. El cómo me relaciono con cada emoción es lo que me permitirá atenderlas y usarlas de un modo ecológico.
Cuando sientes vergüenza por tus emociones…
Un factor que nos dificulta relacionarnos con ellas es vivirlas como “vergonzantes”. No hay nada vergonzoso en tener miedo, ira, tristeza, erotismo, curiosidad o ternura.
Cuanto antes dejemos de pensar que las emociones hay que esconderlas, negarlas o minimizarlas, más provecho sacaremos de ellas.
Es importante vivirlas con dignidad, y preguntarnos de donde viene nuestra vergüenza. Investigar las raíces de nuestra vergüenza es un camino para sanar nuestra relación con ellas.
“Lo mismo ocurre con una familia. Si alguno de sus miembros siente pena, miedo, enojo o cualquier otra emoción significativa, y los padres no saben cómo aprovechar la información que les brinda, van a desconocer la presencia de esa emoción y luego el niño, poco a poco, aprende él mismo a anestesiarla en la medida que observa que esa emoción es pura perturbación”.
Norberto Levy
La dignidad de las emociones: Ejercicio de terapia Gestalt para la gestión emocional
Un ejercicio que te propongo hacer para trabajar las emociones básicas es el siguiente:
• ¿Cómo se gestionaban las cuatro emociones básicas (alegría, tristeza, miedo y enfado) en tu núcleo familiar? ¿Que se hacía con ellas? ¿Se expresaban, se callaban, se hablaban?
• ¿Que dos emociones eran “bien” vistas?
• ¿Que dos emociones eran “mal” vistas?
• ¿Cuál sientes que estaba más de fondo?
• ¿Te sentiste avergonzado por vivir una de ellas?¿cual/es?
• ¿Cómo era la tristeza, la alegría, el miedo o el enfado de tu padre?
• ¿Cómo era la tristeza, la alegría, el miedo o el enfado de tu madre?
• ¿Qué temes que suceda cuando estas triste, enfadado, con miedo o contento?
• ¿Qué te dolería mucho que hiciera otra persona cuando estas triste, enfadado, con miedo o contento?
• ¿Recuerdas alguna experiencia traumática asociada a cada una de estas emociones básicas?
Después de este submarinismo emocional. Cierra los ojos y acompáñate desde una postura cómoda y una respiración fluida. Lo que paso paso, ahora estas contigo. A tu propio ritmo o quizás más tarde, realiza un paso más, y conecta con la siguiente propuesta.
Visualiza en tus manos, en forma de cuenco, cada una de estas emociones básicas, ¿Qué forma, movimientos, vibraciones y colores poseen?
Imagínate que poseen su propia luz, y respíralas desde tu dignidad sagrada e indiscutible. Es tu derecho y responsabilidad vivirlas y respetártelas.

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